Descubrirte

El autobús se desplaza lentamente, las tierras verdes de mi tierra, regadas de agua por el río de las mariposas, pequeños lomeríos de arena de sílice, cubiertos de hierba, algunas vacas a lo lejos, flacas, tratan de arrancar la vida al pasto, los perros ladran al paso del camión y de los autos.

Por fin llegamos, tres horas de viaje y me duelen las nalgas de estar sentado, y pienso:

—¡Bueno, este es el pueblo de mi primer empleo!

¿Qué haré aquí?

Sin conocer a nadie, los rostros ignorados, donde nunca antes había pisado, tierra caliente, de sudor y sol abrasador, tierra plana de donde el dulce de mi país surge, las cañas impiden la vista a lo lejos, zona de caña.

Bajo mi maleta, y mis sueños también, ignoro que la paz de mi mente no será demasiado para experimentar las turbulencias de enfrentar a los humanos, que jamás imagine.

Pensaba que las personas todas eran buenas. No sabía que Rosa se enfermaría y que Juan su esposo, seria el chismoso que denunciaría a Rosa.

—¡No estaba enferma!—

Solo era una excusa para faltar al empleo.

Ignoraba, que una era amante del otro, ignoraba las relaciones de amistad, amores, tranzas y corruptelas. Eso no existía para mí.

Por delante llevaba mis documentos que me designaban funcionario de un colegio federal a nivel de educación secundaria, me acompañaban los sueños e ilusiones de no saber hasta donde puedo llegar y que tanto abarca el mundo, quizá este era el final.

El Director del plantel me recibió con amabilidad, era un tipo muy capaz, tiempo después seria cambiado de ciudad, donde enfrentaría a la Ley por acusación de robo de los fondos de la escuela. Posterior a esto se reintegro a seguir disponiendo de los recursos de las escuelas.

Cada día era como estar en un viaje interplanetario, los alumnos, los maestros, el personal de intendencia, las aulas, los baños, las tardes libres de no hacer nada.

Las carencias de la escuela eran muchas, el pueblo se removía ante el calor, el polvo, la ceniza, los chismes y los mosquitos. Nada había interesante.

Por ahí alguna alumna se acercaba con mucha frecuencia, nunca entendí porque ocurre esto a los 23 años y sin saber por qué se acercan o al menos sospechar su intención.

Por aquellos tiempos no tenia novia, la morena de mi juventud había decidido que nuestras ideas eran diferentes y otro pensaba igual que ella, este si la entendía. Yo sigo sin entender. Me dejo porque no era comunista. Ahora soy más socialista de pensamiento que ella. Ella trabaja para el gobierno, ese que tanto denostaba y que por las noches salía a pintar bardas con el lema “Hasta la victoria siempre”.

Cierto día, ya con algunos meses trabajando en el pueblo, me encontraba en clase de matemáticas con alumnos de tercer grado, concentrado en la explicación, el aula calurosa por la temperatura exterior, los niños inquietos, los gritos y desatención, normal con jóvenes de 15 años, las ventanas del salón abiertas totalmente, permitían observar los alumnos que andaban fuera o esperaban para su siguiente clase.

De repente, mis ojos captaron el movimiento de un ángel, con grandes ojos café, pelo negro, largo, brilloso, lacio, resbalando por su espalda, sus pies hermosos.

—¡Que digo hermosos, perfectos!

En su mano llevaba un helado, lo disfrutaba, curiosa se asomo a la ventana, no recuerdo exactamente que me dijo o si le dije algo, lo que recuerdo es su voz traviesa, su intención de niña o de joven.

—¿No me invitas helado?— Le dije.

—¿Gustas?— Fue la respuesta.

Con mis piernas temblando y mi mente revuelta, hecho un tonto completo de pies a cabeza, estaba frente a la mujer mas hermosa que hubiera podido ver hasta entonces.

Como en automático, me olvide que la morena recién me había abandonado, se olvido el dolor de la perdida irreparable, fue mágico el momento, sus mejillas con un fino vello como durazno sabroso para darle un mordisco o suave y bien extraídos sus jugos.

Mediana estatura, pantalones y sandalias, sus pies blancos, uñas pintadas, son la perfección, no creo que hayan cambiado.Imagen2.png

Sus pestañas largas negras, abundantes y su piel blanca, hermosa mujer que te quedaste con mis suspiros inmediatamente, sin pensar más que en ti, mi camino se cruzo al tuyo.

Hoy se que era un ser luminoso, que el Creador puso frente a mi y en la estupidez de mi humanidad no pude verlo con justa dimensión, hoy recuerdo sus travesuras, los patines puestos en sus pies o la bicicleta del vecino despojada por ella, para poder correr por la polvorientas calles del pueblo.

Me vienen los instantes donde lavábamos los platos en la cocina de tu casa, como mojaba mi cara y yo la suya, tenia mi felicidad, atrapaba mi corazón y mis sentimientos, era perfecta para mi.

La vez que fuimos a ver al grupo Mocedades, al frente, primera fila, yo te cantaba y ella me escuchaba como si también fuera uno de los integrantes del grupo, sus manos tomadas de las mías, me sentía orgulloso de tener un ángel junto a mi, alguien que me cuidara después de tanto descuido, el Creador hacia justicia.

Mi mente se perdía en dimensiones que no imaginaba, no era consciente de lo que realmente pasaba, de la bendición que me traía, mujer de ojos brillantes, pelo sedoso y cuerpo alargado esbelto, me inunda la sensación de melancolía, de tristeza, de arrepentimiento, de frustración, por mi estupidez y las mil cosas que hice sin reparar siquiera que lastimaba a un ser divino.

Ahora le recuerdo, recuerdo cuando le dije:

—¿Cuando me invitas un café?—pregunté temblando de que me fuera a decir que no.

—¡Si quieres hoy por la tarde en mi casa!—siempre atrevida, no dudó en aceptar.

—¿A que hora?

—¡A las seis!

—¡Ahí estaré!

Ese día todo fue rápido, brillante, comí de prisa para no perder tiempo y así poder darme un baño antes de ir hacia su casa.

Pregunte a mis alumnos por donde era que vivías, y ellos me indicaron exactamente, así que llego la hora y fui puntual, bañado, pulcro, llegue a verle.

—Después de todo, yo no tomaba café—.

Pero que importa, eso no importaba, su rostro feliz me motivaba, su voz cantarina y los dientes blancos de su sonrisa, el tiempo y el espacio estaban confabulando.

También recuerdo cuando le pregunte:

—¿Tienes novio?—.

—¡Si!— Fue la respuesta.

Debiste ver la desilusión en mi rostro, pues de inmediato completó la frase:

—Pero esta en Guadalajara—.

Mi cerebro daba vueltas como los planetas al sol, pues como es arriba es abajo.

—¿Y lo ves?—

—No, el vive allá—.

Y en mi audacia pregunte:

—¿Por qué no lo dejas?—.

—¡Lo pensare!— respondió.

No recuerdo como fue la despedida de ese día, quizá nunca me fui, quería quedarme con ella, tampoco recuerdo cuanto tiempo paso, tres días, una semana, no lo se, solo se que no fue mas de un mes.

Pasaron días, que fueron siglos y un día, un día, pasó frente al salón donde impartía mi clase y me dijo:

—¡Ya termine!—

Fue todo lo que dijo, entonces un mundo de felicidad me inundo, se apodero de mi, y le entregue mi amor completo, no tenia frenos, ni dar cuenta a nadie, era el ser mas afortunado del pueblo, que digo del pueblo, del mundo.

Soy inmensamente feliz, gracias Señor por darme este ángel de la guarda hecho carne.

Paseamos por el pueblo, fuimos a fiestas, como jóvenes que éramos, jugábamos, reíamos, nos besábamos, sin malicia, felicidad completa. Hacíamos amigos, los recuerdo a todos, su familia hermosa, sus hermanas y hermanos.

Conservo solo una foto donde esta rompiendo una piñata, se ven sus pies hermosos.

Pero la felicidad no es completa o uno no quiere aceptarla así, y piensa que debe haber cosas que la impidan y hace caso de vibraciones externas que no incuben al círculo de la felicidad.

La verdad, es que mi cobardía y hombría de bien dejaron mucho que desear, no tuve el valor de trazar mi camino por donde pasaba ella, un camino que después de haberle escuchado, estoy seguro que hubiera sido maravilloso.

Escucharle me enseño que debo regresar a como era antes, compartido, confiado de la bondad de la gente, sin pensar siquiera lo contrario, pues de esta forma solo atraeré cosas buenas para mi, pues ese es el mensaje que le estaré dando a la Inteligencia Infinita.

Saber de ella, me enseño que debo ayudar, por el solo placer de hacerlo, por el solo placer de saber que quien recibe la ayuda, se sentirá bien y que a cambio solo puedes esperar una sonrisa, y eso es quizá, esperar mucho. Seguir haciéndolo sin mirar atrás, en la medida de tus fuerzas, sin desmayar y sin desilusionarte, continuar, día a día.

Hoy recordé cuantas veces se puede caer, y cuantas veces se puede levantar. Recordé como pedir perdón y expiar mis culpas y aunque solo se le debe pedir perdón a Dios, a ella le pido perdón, pues entiendo que es un ser iluminado y fue un ángel que a mi lado puso Dios.

¿Qué mi debilidad e imperfección, no permitieron que viera lo valiosa que era?

Tal vez. Siendo amable conmigo mismo.

Como quiera que sea, ahora ya pasaron 30 años de todo aquello, no existen palabras, ni acciones para remediar lo que fueron mis errores. Solo me queda el reconocimiento, de lo dulces que fueron los momentos a su lado, de lo bueno que recibí, y que aún con mis malas acciones, nunca recibí mala acción suya.

Dicen que siempre existe aquel amor ideal, para cada uno, tú lo eres para mí.

Gracias por cuidarme y compartir ese espacio de tiempo.
A.R. Barrios

Veracruz, Ver. Octubre del 2006

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