México Terremoto

El razonamiento científico, siempre ha sido atractivo para la tiranía de las élites, porque les crea una excusa conveniente para tratar a sus semejantes más bajo que si fueran animales.
Un masivo colapso de alimentos sería de gran ayuda, porque acabaría con los pobres (catástrofe Malthusiana).

Robert Thomas Malthus


A dos días del terremoto en mi país escribo esto. 

Vivo en la costa donde los temblores o terremotos, suelen ser menos intensos. 

Sin embargo en dos semanas hubo dos de alta intensidad. Nunca había escuchado que los sartenes y ollas se golpearan unos contra otros debido al movimiento provocado por esta alta vibración de la tierra.
La ciudad más grande, llamada ahora CDMX o ciudad de México, antes Tenochtitlán, donde los antiguos pobladores llamados aztecas, rellenaron zonas de un lago y quinientos años después, el lago reclama su espacio convirtiendo el suelo en una gelatina.


Nuestro cinturón de volcanes hace lo suyo, el Popo, Izta, Nevados de Toluca y Colima, Pico de Orizaba, el magma se agita, cuando el sol se muestra más activo, la energía llega hasta el núcleo y busca su salida por las bocas de ellos o por el exceso de energía acumulada de la placa de cocos. 
El gran terremoto se espera, más estos no son los esperados, dicen que será peor en caso de suceder.
La gente de los pueblos se muestra temerosa de la agitación de la tierra, de este planeta viviente, que victima del principio hermético de causa y efecto, provoca esos movimientos sobre la superficie siguiendo un patrón- ¿Quien seguirá? Nueva Zelanda, Australia, las Islas de Java o Borneo, Filipinas, Malasia, Japón, China, ¿quién?


La gente muere aplastada como hormigas bajo el zapato de un transeúnte. Las placas de concreto como muelas gigantescas devoran humanos que, en un abrir y cerra de ojos pierden su luz, sueños, planes, colores y suspiros.
Ante la tragedia, mi pueblo, nuestro pueblo, nuestra gente, de una tierra llamada México, se mueve de inmediato, sale del sopor, sale de la Tv, sale de su abulia, se entrega a la labor de rescatar. Una piedra, dos, mil, millones, carretillas y cubetas cumplen la misma función, no hay tiempo que perder. 

Debajo de los escombros yacen humanos, hermanos, que viven, que respiran y no pueden escapar. Se forman cadenas de humanos, unos pasan cubetas vacías otros las pasan llenas de material derruido. 

Otros gritan y en medio de este caos, reina el orden, los que buscan son los más pequeños, caben entre dos paredes colapsadas, se resbalan y hurgan, en la oscuridad tientan, sienten algo que puede ser trapos, muebles o carne desgarrada. 

Un leve quejido le alerta y se apresura ( si resbalarse en medio de treinta centímetros puede ser apto para apresurarse). Pierde su casco y extiende sus brazos, manos y dedos como si fuera de elástico, de repente como pintura Vaticana, unos dedos tocan otros debajo y entonces ocurre el milagro, el esfuerzo es premiado.
-¿Puedes moverte?

-¡Si!

-¿Como te llamas?

-¡Erick!

-¿Te duele alguna parte de tu cuerpo?

-¡Si!

-¡Donde?

-Me duele la pierna izquierda, creo que está fracturada.

-¡No te muevas, vamos a sacarte!


El rescatista, habla en plural, habla por los que están afuera, habla por el que carga la cubeta con destrozos, por el que sostiene la cuerda de vida, por el que ya le trae el agua, por el que al lado de la calle reparte emparedados para alimentar a tanto voluntario, que nadie sabe de donde salió.
Habla por la esperanza, de mi México, de nuestra tierra, que es tuya también, no importa donde vivas o donde estés, si estás en Bordeaux, o Santander, o Sidney, Vancouver o Tumbuktu, qué importa, ¡también es tu tierra!

¿Te queda lejos?
No pierdas las esperanzas, algún día, alguien de esta tierra te abrazará, porque sabes algo, de este lado sabemos abrazar. Sabemos que mucho se ha dicho de lo malo que nos condena como país de fronteras establecidas, donde el vecino desea poner un muro mas alto que el de Berlin o de Gaza, ellos quieren vivir en una burbuja dentro de esta esfera de lodo colgada de la nada, quien sabe en que parte del universo.
Los mezquinos, que los hay, desean dinero, acaparar, aprovechar el momento para después, comprar las voluntades de los pobres que serán más, pues los gobiernos son 100% deshonestos, últimamente no tienen forma de llenarse, disponen de los recursos como si fueran de ellos, de su propiedad, entregan los mismos haciendo sentir a la gente, al pueblo, que es un favor el que reciben de su Sr. Presidente en turno, como si fuera el pan y el pescado repartido por el maestro aquel en la montaña (solo que aquel no compró casas en Miami o autos Lamborgini). 

La humildad de la gente, es visible, donan lo poco que tienen, llegan a un centro de acopio y no llevan zapatos, ni huaraches siquiera. 


Los medios de comunicación, siempre hambrientos de la noticia, montan un teatro para recrear una novela, los actores en vivo, las transmisiones también, las fuerzas del orden dispuestas a obedecer, los políticos prestos a ponerse un sombrero ajeno, el sombrero de los voluntarios, de lo héroes anónimos, de los sudados, de los que no duermen por continuar, de los que lloran a sus perdidos, o sus hallados, un sombrero que no les pertenece. 

Algunos pueblos indignados rechazan a las autoridades, ya identificadas como corruptas, los expulsan, les gritan y ofenden, no quieren saber nada de ellos. Estamos hartos de tanta falsedad y manipulación. 

En el control de los daños la televisora consentida e irresponsable, huye se agazapa y oculta, miente, agrede y presiona, más tarde los obedientes y sumisos militares se disculparan. Echándose la culpa del teatro montado por el político ambicioso, que deseaba emerger de una cavidad de rescate cargando un infante, que las luces lo iluminaran como si cada luz fuera un ángel bajado del cielo y él, un sacro político elevado a la santidad.
México es más que esta especie, es más que estos hombres que caminan y apestan la tierra…, como dice Serrat en su canción. La gente, trabaja, lucha, se esfuerza, ellos ponen los obstáculos, ellos depredan, generan pobreza, tal  vez, más cerca de logar su agenda. Provocar esa catástrofe Malthusiana o aprovecharse de la humildad para pisotear.


México es tuyo, mio, vuestro, de vos, como dicen en el Sur del continente, aquí también se les ama, aquí también se les abraza.

Gracias hermanos de Israel, Perú, Japón, Suiza, Argentina, España, Francia, Alemania,Venezuela, Panamá, por venir a ayudarnos, dejaron su sudor en este suelo. Gracias. (espero no olvidar a alguno).


Por favor, den unos días, estamos trabajando para reconstruir, para levantar al que cayó, den unos días para venir, verán de lo que somos capaces. 

¡Este México es de ustedes, es nuestro!

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