Poncho Ludewig. Segunda aparición.

¿Cómo recordar a un amigo o un familiar?

¿Acaso crees que se pueden olvidar?

Llegamos al centro botanero, antro, cantina, o como se le llame en tu ciudad o en tú momento. Estacioné el auto bajo la sombra de un árbol, el sol calentaba a todo lo que podía, fines de julio es caluroso el sureste de México. En plena canícula, cuando Sirio se oculta detrás del sol y según los romanos, se unía a él para incrementar el calor.

Un anciano maya, que la hace de acomodador, nos indicó donde poner el auto. Bajamos y nos dirigimos hacia el interior de una palapa gigantesca, los casi 100 metros de fondo por 100 de ancho cubiertos por un techo de palma y soportados por varas largas de ramón (árbol de la región) hacían un espacio amplio de este lugar. Un fresco sitio para disfrutar de unas cervezas y la música del lugar.

Los meseros amables, sonrientes, todos pedían que ocuparas una mesa donde ellos eran los responsables de atender. El caso es que, se ve como una competencia de ver quien ocupa primero sus mesas asignada.

¡Ya sabes, los yucatecos se las gastan en eso de atender a la gente!

Elegimos una mesa para cuatro personas, aunque solo eramos dos. Edwin nuestro mesero asignado, de inmediato nos dio la carta o menú y de inmediato nos pregunto:

¿Que van uds. a tomar? con ese acento peninsular que es un canto y que al platicar se me hace muy divertido.

Dos Montejo cervezas que antes eran regionales y hoy día las fabrica una gran empresa global perdiéndose aquello artesanal y ese sabor diferente que le daba el gusto de su dueño.

Poco a poco el lugar se fue llenando, familias, amigos. Al fondo el grupo musical arreglaba sus instrumentos para iniciar su actuación. Como decía mi padre “entre mear y afinar se les va la hora” .

Como una costumbre, casi única de la región, que mejor de la ciudad Mérida, las botanas empezaron a llenar la mesa, una tras otra, los meseros mayas criollos, acomodaron botanas de carne, escabeche, salchichas, guacamole, frijoles, chicharrón en salsa, papatzules, panuchos, salbutes, etc. Una muestra gastronómica en pequeño de la gran cocina de este Estado. Los yucas se pintan solos para esto (dicho con cariño).

Segunda ronda de cervezas…la música comienza, el vibrar se resbala hasta la ultima mesa, el cantante inicia sus interpretaciones y la verdad no recuerdo con cual canción inició. El grupo tocando, el cantante, las cervezas, las botanas, la alegría, el ambiente sano del lugar y como corresponde…llegó la tercera ronda.

En eso, un cantante entonó una canción de José José de los años 80 o 90, que más da, creo se llama “Usted” , la música, la voz, todo perfectamente cantado, como si fuera el cantante original que la puso de moda.

De repente algo cambió, las vibraciones de la música entraron a mi alma y a los demás también, las mesas de al lado prestaron atención a la letra de la canción. Un “falshback” llegó a mi mente, como luz al cerebro, de esos retrocesos que se remontan a las historias de caballeros andantes o princesas o cuando recuerdas a alguien muy especial.

Todo pegó en el alma, en el corazón y nosotros, sin mirarnos. Ambos, letra y música, activaron el sentimiento…

Usted me cuenta que hasta le rogué que no se fuera…

Y que solos dejo a mi corazón sin primavera..

que anduve por ahí de bar en bar…

Las lagrimas salían suave de mis ojos, las mesas de al lado también algunas personas lo hacía, y en ese momento caí en cuenta que pensaba en Poncho, Poncho Ludewig. Mi amigo y hermano de vida, yucateco, flaco, güero de Kanasin (como yo le decía), romántico, bohemio, cantante, trabajador, luchador de la vida…

Su imagen apareció para conmover mi espiritu.

En voz baja exprese: Mi hermano, nunca te olvidaré—.

y mi intuición con su voz respondió:

¡Yo tampoco!—.

¿Alguien cree en milagros?¿en visitas del más allá?¿ en espíritus que se comunican?

¡Ya se que nadie! Porque tal vez, soy el único loco en este mundo.

Reacciono para contener las lagrimas y mi emoción, con una presión en el pecho que desgarra y pienso que debí disfrutarlo más. Volteo a ver a los demás, ellos también lloran. Al parecer este ángel yucateco, hoy se dedico tocando el alma de los que ahí estábamos.

Le pregunto a mi mujer: ¿por qué llora? Por Poncho, está aquí. Canta igual que Poncho.—respondió.

Ahora a la distancia puedo afirmar que no cabe duda, él estaba ahí sentado con nosotros, celebrando la vida, celebrando sus amigos, su tierra y sus cantos, la música, su cumpleaños (un día antes hubiera cumplido años).

¡Que bárbaro! Poncho y sus travesuras mayas, como aluxe se presentó.

Le doy las gracias por  siempre, tantos momentos compartidos, tantas parrandas y canciones, noches de acampar dueños de las estrellas.

¡Yo tampoco te olvidaré!

Hoy escribo esto para ti y llegó la cuarta ronda de cervezas y no más botanas.

A.R.Barrios

Mérida, Yucatan. Julio del 2015

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