¡Bienvenido paisano!

Casi son las doce del día, su estómago lleva ya dos días sin recibir comida, el hambre le aprieta, y se dispone a gastar aunque sea 20 pesos para una torta y un agua o soda, pero los paisanos le miran mucho.

—¡Coño, ahí viene!exclama asustado este mexicano dejado en el puente de Cd. Juárez por los agentes del ICE.

—¿Que pasó. Paisano?inquiere con firmeza el agente de la policía federal.

¿Dónde me lleva?Le insiste.

—Pues voy a mi tierra de regreso, porque del otro lado me fue de la chingada.

—¿Y qué, no traes nada?

—¿Pues como qué?

—¡Pues lana, billete, fayuca, droga!

—¡No traigo ni madres!

—¡Bueno pues bienvenido Paisano!se lamenta el oficial, dejando que se marche este mexicano que puede ser Juan, Pedro, o como sea. Esta vez la salvó.

Alcanzó  a caminar hasta los camiones donde pregunta cuanto cuesta el boleto.

—¿Oiga, cuánto el boleto a la capital?

—¿Del estado o del país?Le espeta el empleado de la ventanilla sin voltear a verlo siquiera.

—¡Pues del País!

—Son $1,800 Pesos.

Carajo, no me alcanza. Bueno pues de “aventón”piensa y emprende la salida de la estación de autobuses atestada de emigrantes mexicanos pero también de otros países como Guatemala o El Salvador que se hacen pasar por  mexicanos para que no los manden tan lejos y tener la “chance” de regresar nuevamente.

Así, ha transcurrido los días, un buen amigo de una camioneta le invitó a comer, y no le cobro, le vio tan jodido que él pagó. Suele ocurrir de vez en cuando esto sin tener que rezar.

En el camino ha subido a “tráiler”, de esos inseguros que dicen los gringos.

Ha subido a camionetas, porque los autos no se paran, creen que es ladrón o algo peor.

Por fin llega a la Capital y ya esta más cerca de casa. La tierra le espera y esperan los abrazos de sus hijos y María con su olor a jabón.

Me quedan 150 creo que me alcanzará aunque sea en uno de segunda clase, muy parecidos a los de primera de los “yunaites”, porque aquí los buses ahora están muy buenos, pero son inseguros aunque ellos los fabrican.siempre en sus pensamientos dialoga y encuentra soluciones.

Al cabo de 4 días de viaje por fin siente el calor de su tierra, sus árboles, sus calles con polvo y basura, la gente que va y viene, el sol inclemente, los polis, los tránsitos, allá a lo lejos se ven las casuchas de su barrio, caminando con la sonrisa en sus labios y sus ojos bien abiertos.

María no sabe que llego, pero el perro ladró y viene corriendo, meneando su cola, perro mugroso, pero es mi perro.

Los ve y corre, dejando la maleta tirada, desea tenerlos en sus brazos, besarles y decirles todo lo que les extrañó, en las casuchas vecinas todos se asoman, le ven y gritan:

—¡Bienvenido paisano!

María le abraza y dice:

—¡Mi amor, ven vamos a comer!

—Por fin la paz de mi alma está feliz.

Hoy, hoy es otro día. ¡Bienvenido paisano!

Ser emigrante no es fácil, se dejan atrás muchas cosas y gente querida. Requiere valor irse, pero también requiere valor regresar. Las condiciones son las mismas, la pobreza que les ahuyentó les recibe nuevamente, nada cambia. Solo el polvo que se eleva y se mueve de lugar.

A.R. Barrios

Veracruz, Ver. junio del 20o1

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