Yonny, El Pantera.

La playa estaba excelente, el Sol con su calor hacía más rico meterse al mar y darse un chapuzón.

Llegamos al mediodía, las mesas rusticas y las sillas de plástico de una marca de cerveza, un par dispuestas para disfrutar la sombra, una buena cerveza, algo de botana y el mar.

Se acercó un mesero de amplia sonrisa costeña, pantalón raído, camiseta con hoyos y dentadura sin un diente frontal, acompañado de una damisela, bajita de estatura, también con sus sonrisa amplia, el abdomen al aire, la blusa corta, la lonja visible, sin sandalias.

—¿Que van a pedir?—espetó el buen mozo y a su vera la dama.

A leguas se veía que su fuerte no era atender a los turistas o visitantes de la playa, aunque su disposición era excelente. En nuestro deseo de apoyar a las personas más necesitadas, pensamos sentarnos en esta área de la playa habiendo lugares mejores y más presentables de limpieza. Digamos que era bastante rustico, tirando a rupestre el lugar.

Al frente lucia un letrero que decía: “Palapa El Pantera”.DSCF8469

Original el nombre. El mostrador era una barra de madera, de esa que el mar echa cuando hay tormentas y deja a la orilla de playa. Las pencas de palmera ya secas de tanto sol, de días, de meses, de arena, de pobreza y programas de gobierno que nunca llegan.

Lo curioso es que ofrecían el servicio de baño y regadera, donde el baño consistía en una lata de esas de salsa capsup, suspendida del techo o de una viga de madera. Si, de la misma que el mostrador.

El pantera, Yonni Pantera, se esmeraba en preparar lo ordenado por sus clientes que pedían sus alimentos y bebidas como en cualquier restaurant de la costa Azul o de San Sebastian en España. Lujo a todas vistas.

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—¿Qué es lo que tiene para comer? Señor…

—¿su nombre?—le inquirí

—Ramón—respondió—tenemos pescado frito, empanadas, cockteles, refrescos y cervezas.

—¿Qué tipo de pescado tienen?—volví a formular una nueva pregunta.

Ya visiblemente turbado, respondió:

—Tenemos huachinango o mojarra.

Umm, veamos el huachinango porque la mojarra no creo que este bien ya que es de río este espécimenpensé.

—Huachinango frito y por favor unas cervezas!—le ordené al mozalbete moreno, sonriente chimuelo.

—Un momento…—dijo y de inmediato pegó la carrera.

El tipo se fue hacia la palapa, se dirigió a otro joven, con el torso descubierto, moreno o más bien tostado por el sol, pelo rizado, era ni mas ni menos que “Yonni, El Pantera”.

Volteó a vernos y con parsimonia se dirigió hacia nuestra mesa, se paró frente a nosotros y volvió a preguntar que pescado era el que deseábamos, además de inquirir:

—¿Sabe usted de pescados?

Le respondí que si por supuesto, soy de la costa como casí todos los que nos hallabamos en la playa en ese momento.

—¡Mejor tráiganos unas empanada de camarón y de caracol!

Acto seguido el emulo de Chanoc, se retiro y de inmediato inició su búsqueda en la parte de atrás de una cabaña derruida de palos, si otra vez, de esos que el mar arroja después de las tormentas y puso a la mujer auxiliar a cortar los tomates, cebolla y demás condimentos para preparar las suculentas empanadas del pedido dichoso.DSCF8467

El tiempo transcurrió, con la traída de las cervezas frías, sin exagerar en ello.

Echarme un clavado en las aguas tibias del golfo de México (hay que usar el nombre antes que los gringos le cambien a “Gulf of America” porque hasta el nombre del continente se han apropiado) . Mi perrita hacia sus practicas de natación también. Regresé a la mesa, me serví un poco de cerveza en un vaso, cuasi limpio, habría que ver eso de las bacterias. Poco a poco consumimos el liquido ámbar de una botella de casi un litro de capacidad.

De un silbido le hice saber al mesero Ramón que me trajera otra caguama porque las empanadas no aparecían aún en el firmamento…

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Por fin llegó el ansiado pedido de tres empanadas de camarón y tres empanadas de caracol. Empanadas pues. El relleno era de lo prometido pero con mas tomate y cebolla que camarones o caracol.

La verdad, estaban doradas, bien fritas, y en apariencia limpias y bien cocinadas.

Pasó el tiempo, una o dos horas de disfrutar del mar, de la vista, del aire y la playa, hasta que pedimos la cuenta de lo consumido.

—¡Eh Ramón, tráenos la cuenta!

Rápido, raudo y veloz, el mozalbete fue con el Pantera para pedirle la cuenta y al par de minutos volvió. En una libreta escrita  por el pantera, con grafos apenas entendibles decía:

Dos ordenes de empanadas $240.00

Dos Caguamas                          $180.00

Un agua                                      $  20.00

Total                                            $420.00

Una sorpresa descomunal, evidentemente la cuenta se había pasado de lo esperado, el servicio dejaba mucho que desear y el lugar era …pues ya ven.

Yonny, “el pantera”, había visto que dos personas se habían sentado en su lujoso lugar. También había decidido que de nuestro bolsillo saldría el pago para el extorsionador comisario ejidal, quien había llegado a cobrar su parte de cada día, en una playa que no le pertenece y que como sicario, cobraba el derecho de piso de esta humilde gente.

Acto seguido realizamos el pago de la cuenta, al siempre sonriente Ramón, quedándonos con las ganas de espetarle al tal pantera, lo bribón de su actuar pero decidí mejor no volver jamás ahí y hacer este relato para que entendamos de una vez que, el jodido, jodido está porque lo desea, sus servicios son peores que malos, solo faltó el zopilote volando en nuestras cabezas.

Y que por mucha compasión que sintamos, no vamos a salvar a nadie.DSCF8477

Yonni, El Pantera, había decidido tener mejor relación con su exprimidor oficial, como parte de ese ejercito de sabandijas que el sistema tiene y que a cambio de nada, una palmada en la espalda y un cocktel de gratis (pues es funcionario público de esos que batean todo lo que pueden, quién había llegado en su Chevy color rojo), le permitirían seguir jodiendo el bolsillo de cuanto incauto cayera en su famosa “Palapa El Pantera” baños y regaderas, “all inclusive”. En fin uno más que muerde el polvo.

Te deja ese sentimiento que…

 

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