Vestido de rallas azul turquesa

 

El día era soleado, esplendido, después de dos semanas, casi, de estar con lluvia, los charcos de las calles habían desaparecido, los árboles frescos se ensanchaban, el pasto húmedo adornaba los camellones, la gente deambulaba por avenidas, entrando y saliendo de edificios, es más, no recordaba siquiera que era sábado, la actividad de la ciudad se veía intensa, tal vez por permanecer resguardada por el mal tiempo.IMG-20170102-WA0016

Manejé hasta el centro de la ciudad, debía realizar un retiro de dinero del banco, estacionando temporalmente, en un área donde no estaba permitido hacerlo, con la mala idea de siempre, de que no estorbaba y que sería muy breve lo que haría. Bajar, sacar la tarjeta, llegar al cajero, introducir la tarjeta plástica, marcar mi código secreto, ver con atención el proceso hasta que se despliegue el letrero de: Retiro, cantidad. Esperar la salida del efectivo, tomarlo e indicarle a la máquina que no deseo comprobante. Ya sabes, lo normal cuando acudes al banco en esa instancia.

Los camiones pasaban cercanos a mi auto, impedían mi descenso, por lo que mi esposa bajó a realizar la operación del banco, por el espejo retrovisor vigilaba el momento adecuado para descender, la gente caminaba por la acera sin rumbos específicos, cada cerebro tiene un plan y así ocurría este día.

De repente, como salida de la nada, no presté atención de donde salió, por qué puerta o edificio apareció, o si bajo del autobús, de un auto, no lo vi, ni siquiera importa, no sé por qué lo menciono, pero apareció ante mí la mujer más bella que haya podido ver en estas tierras.vestido-recto-en-blanco-y-azul-marino-zapatos-de-tacon-rosa-bolso-bandolera-blanco-original-17932

Su vestido a rayas, con colores blanco y azul turquesa, como el mar, el Mar Caribe, transparente, azul de ensueño, azul delicia, entallado a su cuerpo, ¡le quedaba perfecto!

El nivel del vestido hacía resaltar sus piernas, musculosas, hermosas, rectas, fuertes, sus músculos marcados, blancas, suaves, tal vez, su rostro lindo, que digo lindo, bello en extremo.

En eso, mi mirada se cruzó con la suya, fue un instante, un milisegundo, un chispazo del universo, flashazo dirían otros, sé que me vio, ni siquiera se turbó, siguió caminando solo observándome, de momento, disimuló viendo su teléfono, como tratando de pensar que hacer, quizá esperando alguna reacción mía.

Ella vio que alcance a exclamar: ¡Oh Dios, que hermosa!

¡Quedé prendado de todo!

Sé que se enamoró igual que yo por un instante fugaz, ¿qué fue? ¿El vestido? ¿Su mirada? ¿Qué fue?

Su pelo castaño se movía con el aire suave de la mañana, pues aunque el día estaba soleado, no se sentía calor, ese calor tropical que la ciudad tiene por siempre. Caminó dando su espalda a mi mirada, siempre con el celular en sus manos, como buscando un número, uno, dos, tres, cuatro cinco, pasos, pude observar sus piernas perfectas. Sus pies pequeños enfundados en unas “zapatillas” o zapatos altos, como dicen que se debe expresar, se veían lindos, bonitos, tobillos hermosos, hacían un juego perfecto para sus pies.

Se dio la vuelta, siempre esperando.

Desde mi asiento del auto, a bajo nivel, era una muestra excelsa de belleza, me miró nuevamente y continuó con su teléfono como escudo para no evidenciar su interés. ¡Bájate, síguela, háblale, me dije! ¡No, soy casado!

No lo hice, no baje, no le hable, su mirada se volvió a otra parte, su cuerpo giro para ver a otro lado, arranque el auto, temeroso de romper mi cobardía doble, como cuando era muchacho. Esta vez, también me turbé, no decidí nada, la deje ir, o me marche sin ver más. Ahora solo sé que pienso en ella, en ese conjunto hermosos de vestido, rayas, piernas, piel, mirada, zapatos altos y pies pequeños. En eso mi esposa subió al auto, arranqué y emprendí la marcha, huyendo del sitio, aprovechando que estaba de espaldas.

El mundo se detuvo en ese instante, mágico instante, hubiera querido conocerla, acercarme, preguntarle, permanecer a su lado, pero… ¡Él hubiera no existe!

¡No lo sé!

Lo que sí sé, es que no la olvidaré, que escribo para que permanezca en letras y no se vaya, que mañana quizá, iré a la misma hora, al mismo lugar, para ver si le vuelvo a ver, ¿Cómo se llamará? ¡Tal vez nunca lo sepa!

Jamás olvidaré ese concierto de rostro, líneas pegadas a su talle, azul turquesa, zapatos altos y pies pequeños, su mirada, la blancura de su piel y las bellas imágenes que me regaló.

Hoy hago esto para ti, como quiera que te llames

A.R.Barrios

Playa del Carmen, Q.R. 2015

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