Las cartas (como era antes)

LAS CARTAS

-¿Luisito?, ¡ve a ver quién toca a la puerta, por favor! -Luisito, tiene 30 años, para un padre los hijos no envejecen-.

-¡Sí!, ¡Ya voy!

-La interrogación, es para confirmar si este, se encuentra a la distancia adecuada para darle la orden de abrir la puerta.

La confirmación llega con signos de admiración, como afirmando su presencia, y de que, la orden será cumplida.
Dentro, en las habitaciones, se desarrolla un triste final de cuento, donde reposando sobre la cama se encuentra el Antonino, ya cansado, el cuerpo, de ver pasar a la vida con sus 60 años, sin fuerzas, sin lamentos, trabajando y soñando casi diario, en todo lo que su mente consentía, su rostro demacrado, la barba blanca crecida, después de todo ya no se esperan visitas, junto a la cama Doña Luisa, su esposa, mujer bella, de rostro limpio, sin maquillaje, conserva su aire integro, recia mujer de trabajo, no se sabe de dónde viene, si del bajío, o del norte o es indígena del sur, el color de su piel es blanca, algunas veces se ve morena clara, sus manos reposan en su regazo y no expresa palabra alguna, solo sus ojos van y vienen, ella fue quien llamo a Luisito.

En la puerta, Luisito corre el pasador que abre el portón, y se encuentra de frente con el cartero.

¡Si, aún existe el cartero!

Sobre todo si se considera el tiempo de emails, internet, celulares y mensajes por medios modernos y que ahora eliminan la espera de quien desea comunicarse con sus seres amados.

¿Quién usa el cartero?

Don Tommy, como cariñosamente le dicen los vecinos, desde hace muchos años lo ven pasar y reciben sus cartas, que entrega con ternura espontanea, sus manos arrugadas, siempre dice que se va a jubilar este año.

Don Tommy, le extiende un paquete grueso, como llenado con muchas hojas de papel por la fuerza y Luisito lo recibe, dando las gracias a Don Tommy por su entrega, se despiden y acto seguido Luisito cierra la puerta para dirigirse a toda prisa con doña Luisa y entregarle el mensaje recibido.

-Esto es lo que trajo Don Tommy, un paquete.

– A ver ¡dámelo!

¡Y no hagas ruido, tu padre está descansando y no debe haber ruidos!

Doña Luisa, abre la carta y ante sí, se despliegan 20 o 30 hojas escritas a mano, con letra ordenada y perfecta, las ve sin leer con detenimiento, una a una, se toma su tiempo, tratando de comprender quién envió estos mensajes.

El paquete está dirigido a Antonino, pero dada su condición de salud, ya no puede levantarse a leer tales mensajes y menos desde que perdió la vista de tanto usarla, pues el leía mucho, libros, cuentos, revistas, periódicos, todo lo que caía en su manos.

Concentrada lee la primera hoja, de reojo nota un leve movimiento de Antonino, que la hace estremecer, no sabe por qué, no sabe ni entiende la causa, aunque, Antonino no se ha movido para nada, todo sigue en la misma posición, pies, brazos, boca abierta, rostro sin expresión.

Decide pues continuar de leer las hojas en sus manos, y de repente, su conciencia le dicta despertar a Antonino, decirle lo que acaba de recibir son mensajes para él, lo que lee, es una carta fechada hace 30 años.

-¿Cómo es posible que apenas la hayan entregado del correo?, ¿dónde se perdió?, ¿por qué hasta ahora, si ya paso tanto tiempo? ¿La persona que escribe, existirá? Mil preguntas al instante y sin respuesta-.

-Tal vez Antonino, me lo pueda explicar. ¡Lo despertaré!

-Voltea en el afán de querer saber, sin reparar en el movimiento, que había visto de reojo, no era un movimiento físico del cuerpo de Antonino, sino que había presenciado, la elevación y partida del espíritu, su espíritu, sin más lucha que un simple aliento, sin más reproche que dar las gracias por liberarse de este su cuerpo y sin decir palabra, pues en vida Antonino había sido muy platicador y todo lo había dicho.

La carta, la primera hoja, habla de amor, de entrega, de recuerdos.

– ¿De quién? ¿Qué dicen? ¿Por qué ahora? -Deseaba saber sin importarle, el ahora muerto y que ella ni siquiera se ha percatado del hecho-.

-¿Quizá en la última hoja esté firmada?

Pero si le importó, pues deseaba leérselas, que el escuchara, había alguien que le expresaba amor hace 30 años, y él sin saberlo.

Ya era tarde para ello. Las cartas de 30 años, llegaron tarde, como a veces llegan tarde los perdones o los arrepentimientos.

A.R. Barrios Veracruz, Ver. 2016

2 Comments

  1. Muy bien mi amigo, algunas me gustan, pero estas ultimas reales y mas sencillas, de situaciones reales, con las que cualquier persona se identifica o recuerda son mejores

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