Gracias Señor

Gracias Señor, gracias, gracias.
Gracias por la vida que me has dado, tan llena de sueños, tan viajante, por dejarme conocer a través de estos sueños, los diferentes mundos que posees.

Gracias Señor, por la playa y el mar, pienso que de ahí emergí.
Y si me enfoco, quizá ni pienso pues lo estás pensando tú.
Gracias por mis amigos tan diversos, tan ajenos a mi esperma, tan lejanos y cercanos, los que se fueron y a tu vera están, como por aquellos que me juzgan y temen mis incoherencias, por aquellos que ya no desean ni verme y por los nuevos que he conocido y por los que estoy por conocer.
Digo, mientras siga aquí.
Gracias Señor por la luz del día, que emerge suave y va dejando atrás lo oscuro de la noche en un giro infinito o tal vez finito, solo que eso, solo tú lo sabes. Por la flor que se abre, por mi perrita que bañada huele diferente y me hace sentir los olores de la mañana, de la lluvia que cayó, de mi habitación, del olor a humedad exterior, de las calles lavadas por el torrente que se formó.
Gracias por la montaña, aquella que ya hace tiempo no veo, aquella que me enfrió mi rostro y me permitió conocer el valor de respirar aire puro, de las noches estrelladas tirados en el césped antes de ir a la tienda de campaña.

Alrededor de la fogata, ver crujir los leños, sentir el calor reconfortante e irse a dormir porque los gallos a lo lejos empezaban a cantar.

La escarcha cayendo sobre la tienda y sobre nuestros hombros. Una botella de tequila vacía yaciendo en el suelo, usada para calentar la noche.
Los temas de conversación se fueron con las estrellas. Mis amigos de esos días también. Siendo justo, aún conservo un par de ellos, mis amigos y hermanos Carlos y Poncho, que no son míos, pero por los años me dejan decir, mí. Y Martín, de él aprendí muchas cosas buenas y las malas…con las mías tengo.
Gracias Señor por mi esposa, por los amantes de tus mundos y moradas, mis hijos, mis vecinos, que tampoco son míos, solo son la realidad que experimento aquí.
Gracias por las novias que tuve y las que no tuve, gracias por dejarme soñar y ser obtuso y estúpido, por mis tonterías y demás. Solo gracias.

Gracias por la prosperidad, por los fracasos, por las decepciones, mis amigos baratos y mis amigos caros, la música y mi papá.
Gracias por los cinturones, los “cuerazos”, los gritos y pelas, de cualquier forma los hubiera tenido que experimentar. Mi forma tan inquieta de ser, me los hubiera traído sin remedio.

Gracias por las copas de los árboles que fueron mi refugio y contuvieron mis ansias de volar. Gracias por hacer ver a mi madre que alcanzarme no era tan fácil.
—¡Bájate de ahí! ¡Te vas a caer! ¡Ya verás cuando bajes te voy a madrear!—vociferaba cada que me veía arriba de un árbol

Y era la madre quien lo decía. Gracias por las chinches verdes y cafés, ahí las conocí.

Gracias por la vía del tranvía y el ruido que hacia cuando se acercaba. Jalar el “trolle” para desconectar el aparato, hacer que el operario se bajara mentando madres y salir corriendo a todo lo que daban los pies. El operario no podía hacerlo, debía cuidar el cajón de monedas y el tranvía.
Gracias por los petardos que ese tío nos dio, los colocamos en la vía cuando el tranvía descubierto pasara. Era cómico ver a la gente salir despavorida por todas las puertas, espantadas, como cucarachas, no imaginábamos más.
Pequeños delincuentes, ¡qué bárbaro!

Gracias Señor por la familia, todos diferentes y a la vez iguales, exploradores, resistentes, luchadores, bellos, gracias por mi cuñada, sánala, déjala permaneceré aquí, deja que su alegría se expanda, que su valía se siga viendo entre los mortales carentes de sueños, ella es valiosa y fuera de serie. Se fue y dejó un gran vacío.
Tú lo sabes y no es necesario te lo diga.

Gracias por miles, millones de cosas, de lugares, de actos, de gente, gracias porque no acabaría en esta vida de agradecerte todo, por el silencio, por el sonido, por permitirme equivocarme.
Por la luna y Sol, por Saturno y marte, por las lunas de Saturno, titan es la única que recuerdo su nombre, por las galaxias y las nebulosas, los cometas y el espacio que no conocemos. Tal vez algún día los humanos lo conoceremos más.

Gracias por Veracruz, por Vancouver, por Seatlle, por L.A. por Nueva York con sus calles llenas de nieve y los resbalones con las manos metidas en el abrigo, por Guatemala y sus cohetes en la noche de navidad, por México de una esquina hasta la otra, por su desierto con zaguaros o su trópico de mar con arenas blancas, grises y negras, rocoso, azul, con pintitas blancas, su gente tan amable y curiosa, tan recelosa y entregada, si contradictoria, gente que hace también el Todo que eres tú.

Gracias por la bondad, el amor, la compasión, la ternura, los besos, la noche melancólica, gracias por inspirar amor, gracias. Gracias siempre.

Gracias por mis cosas que ya no son mías, gracias por las camisas y el mal olor, por mi baño de la mañana, la rasurada imperfecta y cortarme algunas veces, el perfume “Agua Brava” y de algunas tardes donde huelo peor que mal.
Gracias por mí, por darme cuenta de todos mis errores, por no hacerme tan absurdo de no darme cuenta de ello y hacer como si no pasara nada.

Gracias por que soy experto en equivocaciones y maestro en fallar, doctorado en estupideces y aprendiz del buen hacer. Gracias porque esta vida no será suficiente para aprender todo, lo que tal vez, debía aprender.

Gracias, gracias, gracias. Gracias por tu amor infinito. Gracias Señor.

A.R. Barrios

Veracruz, Ver. Junio del 2015

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