Calladito

Yo que crecí dentro de un árbol tendría mucho que decir, pero aprendí tanto silencio, que tengo mucho que callar y eso se conoce creciendo sin otro goce que crecer, sin más pasión que la substancia, sin más acción que la inocencia, y por dentro el tiempo dorado hasta que la altura lo llama para convertirlo en naranja… Pablo Neruda

Te amo solo porque si, porque encontrar una razón, sería justificar la acción de amar, sentir el deseo de calificar y en verdad mi éxtasis es tal que no lo necesito ni deseo.

¿Te amo diminuto?, no, es tamaño, ¿te amo calladito?, si, es profundo y meditado, ¿te amo despacio?, no, es ver la rapidez, te amo, sin ir ni venir, solo te amo, espiritual mujer que mis latidos escuchas, que ni saber de nada sabe.

Mirando la luna, no era creciente o menguante, recordé tus manos pequeñas y suaves, pasando por la curva de la luna hacia arriba y hacia abajo. Sin darme cuenta, repentinamente habías trazado la luna llena, brillando en toda su circunferencia como música en mis oídos, como nota sinfónica del mejor autor.

Muy por la mañana, despacio, sin conocer siquiera tu calle, me crucé con otros que también volaban, igual que yo, me miraron desconfiados unos, distraídos otros, no entendían mi vuelo de amor, llegando hasta tu lánguida calle, aún con las sombras de la noche que se iba una vez más, para dejar entrar la luz que desde tu alcoba despedías tú.

Si, te amo, desde mi calle hasta la tuya, mi calle está en un pueblo alejado y lleno de silencio, pero se que tu calle conecta con la mía y así llena de gozo mi alma tibia.

Te amo, sin calificar, ni bueno ni malo, te amo porque si, porque la razón que encontré buscando en el baúl de cosas viejas, me dijo que no había razón alguna, sólo amar, como se ama el amor a si mismo.

Vuelve al origen y se vuelve a amar. Raro en todo, hasta mi forma de escribir.

Parto mi corazón en dos, un trozo es para poder vivir. El otro es para ti, lo entrego en tus manos, cúbrelo de ayeres y de hoy cúbrelo mas, nada es mejor que tus dedos recorriendo la ternura y de cosas que me exaltas y recuerdan la de Dios.

Así, por no querer más, por no traspasar la calle que queda lejos de la tuya, mi respeto y admiración no existen, soy tu igual y admirarte sería calificar.

Tu eres yo, me veo en ti y veo la perfección.
A.R. Barrios

Veracruz, Ver. Junio de 1999

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