28 años y reina el silencia

 

Algunas veces recuerdo cuando llegaba a casa y corrías como loca para colgarte de mi pierna, llevarte abrazada a ella por el pasillo hasta llegar a la cocina donde “mamá” hacia la comida para los cuatro, tus ruidos eran mi música y verte escribir era el sueño de mi gran escritora.

Comías, Dormías, despertabas para hacer tus tareas de escuela, aplicada, no estudiosa, dedicada digamos, sobre todo cumplida y ordenada, así creció mi hija.

Al cumplir los 18 se fue para siempre, cruzo el detector de metales del aeropuerto y se fue para no volver.  Los días fueron rápido, creció como niña, luego adolescente con las del “cluc” sus amigas de siempre, quizá también para siempre.

Cuando volvió del viaje, era otra más segura, más amable, mas amiga de su madre, las observaba platicando cada día, de sus cosas, de mujeres, casi en secreto, sin percatarse de mi presencia. Observaba como crecía, iba a los bailes con sus amigas y luego a los clubes “discos” de su tiempo, esperarla al salir. ¡A las dos de la mañana, te digo, se puntual y cuídate! Cuantas recomendaciones.

Se fue al poco tiempo a la Universidad, fuera del “rancho”, casi sin sentir se hizo mujer, lucho mucho, con su beca de la escuela, no alcanzaba para cubrir las cuotas y sus gastos. Trabajó como mesera, en los churros, en los tacos y en la joyería, sabe luchar en la vida. No hizo mal trabajo la mama.

Llego la graduación, su examen profesional, orgulloso observe como se desenvolvía sobre el estrado, presentando su ponencia, pero observe también a la mujer que pronto tendría que extender sus alas, así le enseñe yo “spread your wings” como dice la canción de Queen.

También aquí se fue, pues solo paso un corto tiempo en casa como preparando lo que se llevaría para el viaje, tomando energía para el largo recorrido, hasta que llego el momento de trabajar.

Hoy cuando paso por su habitación, veo sus libros llenos de polvo, ese que tanto odio por su incapacidad de respirar bien, sus pocas prendas colgadas, abandonadas y tal vez, próximas a ocupar algún lugar en el vestidor de alguien a quien se le regale.

Su cama vacía, casi nueva, la uso muy poco, los pocos libros inclinados, uno sobre otro, se fue dejando tras de si, la luz de su juventud, de su orden, de sus recuerdos en una botella, de los pequeños detalles y papelitos guardados porque un amigo o amiga se los dio. Porque es francés, porque es español, ¡Que se yo!

Se fue y hoy después de tres años, abro su tesis la leo, por fin. Quizá no lo hacia, pues para mi significaba que tendría que irse mas lejos aun, mas tiempo aun, pero sobre todo que ya había crecido, mi amor inexpresable me alcanzo, me avasallo, no supe como fue, solo se fue tras de ella y hoy ya no esta mas.

Con ella, se fueron también mis abrazos, mis rodillas viejas que añoran su peso sobre mi pie y su abrazo en mi pierna, se fueron sollozos de sus enfermedades y sus cariños de decir “papa”.

Siempre te extraño, no imagine tener que reconocer que la edad te golpea dejándote huecos en el corazón y soledades en el pensamiento. Hoy recorro tu cuarto, como si ahí estuvieras, hoy solo me acompaña el silencio de las cosas, que mudas nada me pueden decir. Siempre te amare, en esta vida y en las que siguen. Tu Padre.

Veracruz, Ver. 03 de junio del 2008.

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